Breve ensayo fotográfico
A veces separamos la arquitectura del humano, pero compartimos más de lo que nos imaginamos.

La vista es uno de los sentidos que compartimos porque, como nosotros los humanos, la arquitectura necesita ver, extenderse e integrarse, a sentirse parte de un “dónde”. Aquellos ojos nos invitan a adentrarnos regalándonos virtudes como el albor, calidez en el frío, inspiración en la inmensidad. Está ahí para recordarnos que no estamos solos, que hay un mundo afuera al cual podemos salir o invitarlo a pasar. Infinidad de experiencias se dan a través de una ventana, como saludar al vecino o cerrar las ventanas cuando no queremos que nos vea, los chismes de vecindario, esas introspecciones mientras sostenemos una taza de café en las mañanas o, muchas veces, las miradas constantes mientras esperamos la llegada de una visita o un paquete. La ventana ha sido protagonista muchas veces en nuestras vidas, pero muy pocas veces nos preguntamos si fue puesta ahí para todas esas experiencias.

Esa es una de muchas formas en las que la arquitectura nos invita a habitarla, como también lo es la piel, lo que nos recubre en un espacio. Es lo que le da la esencia a la arquitectura. Mediante texturas, colores y la diversidad, evoca que vivamos según la naturaleza del espacio, a veces invitándonos a andar descalzos, a cubrirnos, a permanecer, a movernos. La materialidad y aquello que nos cubre o descubre dan riqueza a la forma de habitar, haciendo que le demos identidad a cada habitación; tener un lugar donde leemos porque es cálido o acogedor, o donde trabajamos porque nos transmite inspiración o productividad, espacios donde corremos o caminamos con serenidad. Es esa expresión la que representa un sentimiento para nosotros y nuestra forma de vivir.
Cada elemento va cobrando relevancia en nuestra rutina, como los objetos con los que compartimos el espacio. Además de ser útiles y adornar el espacio, también complementan recuerdos y vivencias, como olores que nos recuerdan situaciones o personas, chucherías que muchas veces guardamos por cariño, amuletos que han acompañado a varias generaciones y decidimos que vivan con nosotros.
La fijación en este tipo de detalles nos mantiene presentes, más humanos y más vivos. Es una forma de mirar “el habitar”.










JUAN DAVID QUIÑONES
Juan David es un arquitecto buscando una forma de ver la arquitectura de una forma más humana.